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Este es el típico reto de Javascript, no tiene mucha complicación pero he decidido dedicarle una entrada por que me llamó la atención lo que utiliza de usuario y clave.
El Script
function getStyle(el,styleProp)
{
var x = document.getElementById(el);
if (x.currentStyle)
var y = x.currentStyle[styleProp];
else if (window.getComputedStyle)
var y = document.defaultView.getComputedStyle(x,null).getPropertyValue(styleProp);
if (y.substr(0, 1) == "#"){ return y; } else {
var value = y.split(',');
var R = value[0].substr(4);
var G = value[1];
var B = value[2].substr(0, value[2].length-1);
var RGB = "#" + toHex(R)+ toHex(G)+toHex(B);
return RGB;
}
}
function toHex(N) {
if (N==null) return "00";
N=parseInt(N); if (N==0 || isNaN(N)) return "00";
N=Math.max(0,N); N=Math.min(N,255); N=Math.round(N);
return "0123456789ABCDEF".charAt((N-N%16)/16)
+ "0123456789ABCDEF".charAt(N%16);
}
function pw (form)
{
var d1, d2, d3;
if (navigator.appName == "Netscape"){
d1= getStyle('content', 'background-color');
} else {
d1= getStyle('content', 'backgroundColor');
}
d2=form.Name.value;
d3=form.Password.value;
if (d2==d1.length) {
if (d3==d1) {
window.open ("../" + d1.substr(1, 10), "_self")
} else {
alert("Muhaha! Wrong!")
}
} else {
alert("Muhaha! Wrong!")
}
}
En el formulario vemos que llama a la función «pw» y ésta a su vez llama a la función «getStyle«, bueno, pués es tan simple como poner un «alert();» dentro de la función «pw» para cazar la clave. Con éste método podemos cazar la clave del 90% de este tipo de pruebas.
Con esto ya tenemos la clave. El usuario responde a la siguiente sentencia «d2==d1.length«, es decir, es el número de dígitos de la clave.
En Parque Jurásico (1993), la informática no es solo un elemento narrativo, es una pieza clave del suspense y del conflicto. A diferencia de otras películas donde las pantallas muestran interfaces ficticias o visualmente espectaculares pero irreales, Parque Jurásico opta por una aproximación sorprendentemente sobria y auténtica.
Durante bastantes escenas, se nos muestran terminales, ventanas de código y comandos que, lejos de ser decorativos, pertenecen a sistemas reales utilizados por programadores profesionales de principios de los años 90. Este detalle, que puede pasar desapercibido para el público general, resulta especialmente interesante desde un punto de vista técnico. En otras palabras, el trabajo de producción es excelente y destaca como una de las películas más respetuosas con la informática real de su época.
No es “código de película”: es software real
Uno de los puntos más interesantes es que el código que aparece en pantalla no fue escrito para la película. No hay pseudocódigo, ni pantallas diseñadas solo para quedar bonitas en cámara. Lo que se ve es software real, ejecutándose en el entorno Macintosh Programmer’s Workshop (MPW), el kit oficial de Apple para desarrolladores en aquellos años. El sistema operativo que se reconoce es un Macintosh clásico (System 7) corriendo sobre máquinas de la serie Quadra, auténticos pepinos para la época. Vamos, que cuando John Hammond decía aquello de «no hemos reparado en gastos», también iba en serio en lo informático.
«No hemos reparado en gastos»
En este punto no se le puede reprochar demasiado a la película. En líneas generales es bastante fiel a la novela, aunque la resolución del problema de seguridad se aborda de forma distinta. En el libro es el ingeniero Ray Arnold quien detecta el fallo y consigue reconducir la situación. En la película, sin embargo, el personaje desaparece cuando va a los barracones a restablecer la corriente del parque, con el resultado que todos conocemos.
Lo curioso es que muchos personajes sí cambian de forma notable con respecto al libro, el niño es mayor y más friki de los ordenadores, Ray Arnold no muere y acaba salvando la situación, o Gennaro es más atlético y bastante más valiente. Sin embargo, el gran disparate técnico permanece intacto.
En la novela se menciona de pasada a un equipo de informáticos de Cambridge que supuestamente colaboró en el diseño del software. Aun así, la puesta en marcha y la explotación del sistema recaen prácticamente en una sola persona, Dennis Nedry. Evidentemente, tanto al libro como al guion les viene de perlas que todo dependa de una única persona para que el desastre sea posible, pero cuesta aceptar que en un parque donde todo está duplicado, el control informático central dependa de una sola persona.
Curiosamente, en uno de los monitores de Nedry se puede ver una foto de Oppenheimer con la frase «Beginning of baby boom», de la que podemos sacar la conclusión de que Nedry es perfectamente consciente de que su trabajo puede tener consecuencias catastróficas e irreversibles. También es un maravilloso guiño del equipo de producción que nos está indicando exactamente donde se va originar el desastre.
Al final, Parque Jurásico no va de dinosaurios, ni siquiera de genética. Va de personas. Y, más concretamente, de personas con demasiado poder y muy pocos compañeros de equipo y poca supervisión.
Desde el punto de vista informático, la película es casi entrañable. Todo es serio, profesional y real… hasta que descubrimos que el sistema más complejo jamás construido depende, en la práctica, de un solo programador cabreado, mal pagado y con demasiadas líneas de código en la cabeza. Ningún comité de arquitectura, ninguna auditoría externa, ningún segundo par de ojos. Solo Dennis Nedry y su teclado. ¿Qué podía salir mal?
Lo curioso es que ni la película ni el libro se molestan en disimularlo demasiado. Te hablan de sistemas redundantes, de seguridad, de control absoluto… pero el corazón digital del parque es un castillo de naipes. Eso sí, un castillo de naipes programado en máquinas de primera, con software real y pantallas que hoy siguen pareciendo más creíbles que muchas producciones actuales.
Quizá por eso Parque Jurásico envejece tan bien. Porque, incluso cuando se equivoca, lo hace con honestidad. No intenta venderte magia disfrazada de tecnología. Te muestra ordenadores de verdad, código de verdad y errores muy humanos. Y al final, tanto en la novela como en la película, el mensaje es el mismo, puedes clonar dinosaurios, diseñar parques imposibles y rodearte de la mejor tecnología del mundo, que si todo depende de una sola persona, tarde o temprano, el sistema se vendrá abajo.
Y no, el problema no eran los dinosaurios, nunca lo fueron.
Hoy analizamos Copycat, un thriller psicológico de 1995 que, como muchas películas de la época, no pudo resistirse a incorporar elementos tecnológicos que, vistos desde una perspectiva actual, nos sacan una sonrisa. Vamos a desmontar algunos gazapos tecnológicos y curiosidades relacionadas con los sistemas informáticos que aparecen en la película.
El escritorio de tres pantallas: ¿el futuro en 1995?
La protagonista, la Dra. Helen Hudson (Sigourney Weaver), trabaja en un escritorio con tres pantallas, algo futurista para la época. En 1995, esto no era tan común como hoy en día. Para lograrlo, probablemente necesitaría tres ordenadores conectados de forma independiente, ya que los sistemas operativos y hardware de la época no solían soportar múltiples monitores en una sola máquina. Esto plantea preguntas interesantes sobre la logística de su set-up: ¿Cómo sincronizaba su trabajo entre tres PCs?
Un detalle curioso es que, en algunas tomas, se distingue la marca Compaq en los equipos. Compaq era una de las compañías líderes en la fabricación de ordenadores personales durante los 90 y conocida por sus soluciones de alta calidad. Este dato refuerza la idea de que el set-up de Helen estaba diseñado para representar lo último en tecnología de la época, aunque hoy resulte un tanto rudimentario. La elección de Compaq no es casual: en ese momento, era sinónimo de equipos potentes, usados tanto en oficinas como en entornos domésticos avanzados.
Internet y la magia de los módems
En una escena, Helen navega por internet con lo que suponemos es un módem de 28.8 kbps (o como mucho, un flamante 33.6 kbps, tecnología de vanguardia allá por 1995). Hasta ahí, vale. Sin embargo, la fluidez de su conexión sorprende: carga archivos, recibe correos y no se queda esperando con una pantalla de “Conectando…”. Pero lo mejor llega cuando, estando conectada, ¡suena el teléfono! En la realidad, esto cortaría la conexión o comunicaría, a menos que tuviera dos líneas telefónicas (algo raro en domicilios particulares de la época) o algún dispositivo milagroso que no conocemos.
¿Qué sistema operativo usa?
Aunque no se distingue claramente el sistema operativo, vemos una interfaz gráfica con ventanas y una consola de comandos. Esto podría ser un guiño a Windows 3.1 o Windows 3.11, ya maduro en esa época aunque la interfaz no termina de encajar. Sin embargo, también podría ser una mezcla ficticia para hacer que el entorno luciera “tecnológico” sin comprometerse demasiado con la realidad. Detalle curioso: en los 90, las películas solían personalizar las interfaces para no tener problemas legales.
El email como el epicentro de la tecnología
En los 90, el email era el rey. En las películas, los escritorios siempre tenían un gran icono de correo (a menudo animado, porque lo cool siempre parpadeaba). En Copycat, Helen recibe un correo con un archivo AVI de unos 30 segundos, lo cual plantea otra duda técnica: ¿Cuánto espacio ocupaba ese archivo en 1995?
Un AVI de 30 segundos probablemente tendría una resolución baja (320×240 píxeles o menos) y una tasa de compresión eficiente para la época, pero aun así podría pesar entre 2 y 5 MB, dependiendo de la calidad del audio y vídeo. Eso hubiera supuesto una odisea por email, ya que los servidores de la época limitaban los adjuntos a unos pocos cientos de KB. ¿Quizás el villano usó un protocolo privado para saltarse las restricciones?
Tomorrow.AVI
Tras recibir un inquietante archivo AVI, la protagonista llama a la policía, lo que desencadena una conversación cargada de decisiones tecnológicas cuestionables:
«¿Cómo le han enviado esto?» / «Consiguiendo su dirección de internet»: El archivo es descrito como enviado a través de «su dirección de internet», un término extraño para la época en la que lo habitual habría sido referirse al correo electrónico. Esto refleja un intento de sonar sofisticado sin usar los términos correctos.
«¿No podríamos localizarlo?»: La respuesta de los policías es que no pueden rastrear el origen del archivo «a no ser que esté conectado». Sin embargo, incluso en 1995, las cabeceras de los emails contenían suficiente información para rastrear el servidor de origen, aunque la práctica era más rudimentaria que en la actualidad. Ignorar esto parece una licencia creativa del guion o un concepto equivocado de localizar asociándolo quizá a las llamadas telefónicas.
«Es demasiado grande para pasarlo a disco»: Aquí surge el principal obstáculo: el archivo AVI es considerado «demasiado grande» para transferirlo a un disquete de 3,5 pulgadas (con una capacidad máxima de 1,44 MB). Aunque esto tiene sentido desde una perspectiva técnica, resulta extraño que fuera posible enviarlo por email en primer lugar, dado que los servidores de correo de la época tenían limitaciones más estrictas que un disquete. Esto sugiere una inconsistencia en la lógica tecnológica de la escena.
«Lo pasaremos a vídeo»: Ante la imposibilidad de transferirlo a un disquete, la solución propuesta es convertir el archivo a un formato reproducible en un dispositivo analógico (probablemente una cinta VHS) para transportarlo físicamente. Aunque esta decisión es plausible dentro de las limitaciones tecnológicas de la época, omite soluciones más digitales, como volver a enviarlo por email (¿acaso la policía no tenía correo electrónico?). Además, surge la pregunta de por qué no se recurre a los forenses técnicos de la policía (o del FBI) para analizar el disco duro, quienes, curiosamente, no aparecen en ningún momento de la película.
«Oh, Dios. ¿Cómo sabes todas estas cosas?» / «Malgasté mi juventud en los salones de videojuegos»: Esta frase añade un toque humorístico, pero no tiene relación alguna con las habilidades necesarias para resolver el problema en cuestión. Más bien, refuerza la desconexión entre los diálogos y las acciones tecnológicas presentadas.
Conclusión
Copycat (1995) es un buen ejemplo de cómo el cine de los 90 abordaba la tecnología con una mezcla de admiración y confusión. Desde la exageración de tener tres monitores en el escritorio de Helen hasta la torpe gestión del archivo Tomorrow.AVI, la película refleja tanto las limitaciones tecnológicas de la época como las libertades creativas de los guionistas.
En el caso del archivo AVI, los personajes deciden que no se puede gestionar digitalmente y optan por convertirlo a vídeo analógico, ignorando soluciones más simples como volver a enviarlo por correo electrónico (suponiendo que fuera posible). Este detalle, combinado con la ausencia aparente de personal técnico en la policía, subraya una desconexión entre la narrativa y las capacidades reales de la tecnología, incluso para 1995.
Aunque estos detalles pueden parecer cómicos 30 años después, forman parte del encanto de un cine que imaginaba el futuro sin comprender del todo su presente. Más que errores, son un recordatorio de cómo la tecnología ha evolucionado y de cómo nuestra percepción de ella también lo ha hecho.
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